Dios sabe que no existe, él lo sabe.
Miasma de letanías y atriciones,
de dogmas crónicos y dilecciones;
cicatriz en algún que otro arquitrabe.
Hereje inmoral de cuánto enclave
con su bagaje ahíto de oraciones,
también de hilarantes redenciones.
¿Por qué pariste, María del Ave?
Padre de nadie que nunca estuvo aquí,
(a pesar de que no me pesa en nada)
aunque venció y a la iglesia gestó;
devota del parné e infame adalid,
que aliena con su exégesis, eructada
por los siglos de los siglos, stop.













