8 de febrero de 2010

A tu salud...




















Dios sabe que no existe, él lo sabe.
Miasma de letanías y atriciones,
de dogmas crónicos y dilecciones;
cicatriz en algún que otro arquitrabe.

Hereje inmoral de cuánto enclave
con su bagaje ahíto de oraciones,
también de hilarantes redenciones.
¿Por qué pariste, María del Ave?

Padre de nadie que nunca estuvo aquí,
(a pesar de que no me pesa en nada)
aunque venció y a la iglesia gestó;

devota del parné e infame adalid,
que aliena con su exégesis, eructada
por los siglos de los siglos, stop.
 

11 de diciembre de 2009

Desidia Zero...

























Atrapada en su lecho, esquiva al mundo.
Pasa de todo y todo pasa de ella.
Su mejor compañía es la botella
que vierte en su boca a cada segundo.

De pies a cabeza con frío inmundo,
recuerda que de joven era bella
y que incluso pudo ser una estrella
hasta que tropezó con Nauseabundo.

Arrepentirse no sirve de nada,
excepto para no volver a errar.
Y si el pasado te da una punzada

devuélvesela tú sin cesar,
sin rencor, con voluntad obstinada
y con una pizca de bienestar.

2 de diciembre de 2009

Kasipoema Clasificado X...




















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xx xxxx xxxx xxx xxxxxxx,
xx xxxxxx xx xxxxxxx xxxxx xxx xxxxxxx
x xx xxxxxxx xxx xxxx xxx xxxx xxxxxxx.
Xxx xxxxxxx x xxxxx xxx xxxxxxxx.
Xxx xxxxxxx xxxxx xx xxx xxxxx xxxxxxxxxxx xxxxx
x xxxxxx xxxxx xx xxxxxxx xxx xxxxxxxxx xxx xxxxxxx xxxxxxxx.
Xx xxxx x xxxxxxxx xx xxxxxx
x xxx xxxxxx xxxxxx x xxxxxxxxx.
Xxxx xxxxx xx xxxx xx xx xxxxxx xxxx xxx xxxxx,
xx xxxxxxxx xx xxxx xx xxxx xxxx xx xxx xxxxx,
xxx xxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxx.

Xxxxxxxxxx xxx xxxxx, xxxxx xxx xxxx x xxx xxxxx.

20 de noviembre de 2009

Versus...




















Lo miró de arriba abajo durante medio minuto.
Pelo engominado,
barba de un día,
corbata (Nudo Windsor),
camisa blanquísima,
americana y pantalón azul oscuro,
zapatos negros,
uno de los dos con el cordón y el nervio desatado.
Vendaje en la mano izquierda.
Lo miró a los ojos durante medio segundo.
Azules casi grises,
profundos,
antárticos,
ayer noche,
luna llena en la ciudad,
de vuelta a casa, paso a paso por la avenida,
gente, coches, escaparates y luces de neón,
un jalón del brazo hacia el angosto callejón,
hedor a basura en cada milímetro, 
gritos silenciados con una mordaza en forma de zarpa,
mordisco desgarrador entre los dedos meñique y anular,
sangre,
cruce de miradas,
puñetazo en toda la boca,
sangría,
caída al suelo,
huída.

Ahora estaba a salvo tras el cristal tintado.
Agachó un poco la cabeza
y escribió en un papel en blanco
con letra de niña pequeña:
“Sí, es él”,
sujetándose la mandíbula con la mano izquierda.

Una mirada vale más que mil palabras.

19 de noviembre de 2009

Amén...






















Sangre, salpicas venas
sin apenas tortura,
abriéndote paso
contra una tormenta
de colesteroles y asteroides
derramando tu mácula por el cosmos,
oxidándolo todo.
“Henchido de ti me siento el mesías.
Dejadme solo un rato,
voy a dar un voltio por el desierto.
Escribid un cuento sobre mí,
ganaréis la hostia de dinero,
uniros a mi credo
y sólo trabajaréis los festivos.
Vino Tinto El Advinimiento,
bebe celestialmente”.
Decía aquel cartel
clavado en una cruz de hormigón
a las afueras de la luna.

¡Arriba las manos o disparo!

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